UNA INAUGURACIÓN BRILLANTE
El Festival Perelada ha inaugurado de manera brillante su cuarta edición de Pascua, con una apuesta que define bien uno de los pilares fundamentales de su proyecto: la recuperación del patrimonio musical, volviendo a poner en circulación obras que el tiempo ha dejado fuera del repertorio. El oratorio Cristo condannato, de Antonio Caldara, no es solo una pieza poco frecuente; es, en este caso, un auténtico redescubrimiento: un oratorio estrenado el Jueves Santo de 1717 en la capilla imperial de Viena del que no consta que se haya interpretado nunca completo en tiempos modernos en el Estado español y que hoy se ha presentado por primera vez en Peralada.
La recuperación llega, además, con un valor añadido: no se trata solo de exhumar una partitura singular o de hacer arqueología musical, sino de devolver cuerpo sonoro a una música sin tradición interpretativa reciente, sin grabaciones de referencia, con todo lo que ello implica de estudio, decisión y responsabilidad artística, tal y como explicó el propio Espasa en uno de los episodios del podcast del festival, Confluències Artístiques, grabado recientemente y disponible en Spotify.
Como en las tres ediciones anteriores, en las que el ciclo ampurdanés ha recuperado los oratorios de Scarlatti (La Giuditta, 2023), Stradella (San Giovanni Battista, 2024) y Hasse (Sanctus Petrus et Santa Magdalena, 2025), siempre de la mano de Vespres d’Arnadí y Dani Espasa, la recuperación del oratorio de Caldara por encargo del Festival Perelada se inscribe plenamente en la voluntad de recuperar patrimonio musical que el certamen convierte en una de sus líneas más sólidas. Y la sensación, desde el inicio, ha sido la de asistir a una restitución viva, hecha con convicción y criterio. Espasa no afronta la recuperación de Cristo condannato como una simple rareza de catálogo, sino como una obra de verdad escénica y espiritual, capaz de hablar hoy con fuerza propia. El hecho de haber preparado una nueva edición de la partitura, de carácter historicista, da aún más relieve al trabajo realizado: aquí la interpretación es inseparable de la investigación y la investigación no se entiende sin el deseo de devolver la obra al espacio público del concierto.
Caldara es una figura central del Barroco tardío, con una obra vastísima y una trayectoria que atraviesa algunas de las grandes capitales musicales de su tiempo. Lo que hace especialmente atractivo el oratorio del compositor veneciano es su manera de abordar un episodio central de la tradición cristiana desde una perspectiva más introspectiva que narrativa. El libreto de Pietro Pariati sitúa la acción en el juicio de Jesús ante Poncio Pilato, pero introduce también figuras alegóricas como Il Sacro Testo (El Texto Sagrado) y L’Anima Compunta (El Alma Afligida), que desplazan el foco hacia la conciencia, la culpa, la duda y el arrepentimiento. Más que recrear la Pasión en términos externos, la obra propone un espacio de reflexión moral sobre la justicia humana y sobre la fragilidad con que esta puede someterse a la presión del poder y de la multitud.
Esta condición híbrida, entre drama sagrado y meditación espiritual, encuentra en la lectura de Dani Espasa un equilibrio muy bien medido. El director, desde el clave y al frente de Vespres d’Arnadí, no busca subrayados innecesarios ni efectismos externos. Prefiere dar espacio a la fuerza interna de la obra, a su arquitectura y a la calidad de una escritura que combina recitativos expresivos, arias de notable densidad lírica y una presencia coral decisiva que oscila entre la ira descontrolada de la turba y el papel de coro angélico. El resultado es una interpretación sostenida en la claridad del discurso y en una energía siempre controlada, sin perder nunca el sentido de conjunto.
Desde la sinfonía inicial —uno de los dos fragmentos de los que existe una grabación moderna—, con un itinerrio contrastado entre los fragmentos lentos y el tramo central más animado, ya se percibe una voluntad de presentar el oratorio con transparencia y tensión. Vespres d’Arnadí ofrece una sonoridad limpia, ágil y compacta, con una cuerda capaz de dar relieve tanto a los pasajes de impulso dramático como a los de recogimiento. Hay una atención muy precisa al bajo continuo, determinante en una partitura como esta, y un trabajo de respiración compartida que permite que las diferentes secciones avancen con naturalidad.
Una de las virtudes más evidentes de la obra es la manera en que se dibuja el perfil de los cinco personajes solistas, todos tratados por Caldara con una personalidad muy definida, incluso la esposa de Pilato, a pesar de sus intervenciones de carácter casi episódico. Maite Beaumont, en el papel de Il Sacro Testo, ha asumido con autoridad serena esa función de narradora moral. Ana Quintans, como Anima Compunta, encuentra el centro emocional del oratorio. Caldara reserva a este papel, que concentra buena parte de la dimensión interior de la obra, algunas de las páginas más dolorosas e inspiradas del oratorio, que Quintans ha sabido transmitir a la perfección. La interpretación de su gran aria final, Si, mio bene, si mio Dio, pone de relieve la herida espiritual con una gravedad abrumadora, logrando brindar uno de los momentos más intensos del concierto.
Nicolas Brooymans da a Pilato el peso que el personaje reclama. En este oratorio, Pilato es mucho más que un antagonista funcional: es el hombre atrapado entre la percepción de la inocencia de Cristo y la presión política y social que lo empuja a sacrificarlo, es decir, una conciencia dividida. Caldara otorga a Pilato un relieve casi operístico. Por su parte, Josep-Ramon Olivé, como Capo Popolo, aporta energía y relieve a un papel de gran exigencia, posiblemente el más complejo. El personaje encarna la presión de la masa, la fuerza de la consigna y la violencia de la demanda colectiva. Olivé ha dado nervio a las arias más audaces y ha hecho perceptible esa fuerza que en el relato empuja de manera casi obsesiva a Pilato hacia la renuncia moral. Por su parte, Montserrat Seró, que interpreta a la esposa de Pilato, hace valer el contraste que este rol introduce dentro del conjunto dramático. La participación del Cor Francesc Valls, dirigido por Pere Lluís Biosca, que debuta en el festival como artista residente, es determinante, porque se trata de un agente esencial de la tensión dramática y del comentario moral. Sus intervenciones como turba tienen el empuje necesario y lo más valioso llega en los pasajes del coro de ángeles, donde la música adquiere una dimensión de lamento suspendido, casi fuera del tiempo.
Al concierto de apertura de la edición de Pascua del festival han asistido Miquel Brugat (alcalde de Peralada), Miquel Noguer (presidente de la Diputació de Girona), Isabel Bernal (directora de los Serveis Territorials de Cultura de la Generalitat en Girona), Josep M. Bernils (vicepresidente del Consell Comarcal del Alt Empordà), Xavier Cester (director de Música del ICEC), Jaume Collboni (alcalde de Barcelona) y José Montilla (expresidente de la Generalitat de Catalunya).
Una copia excepcional
Antes del concierto, la Biblioteca del Castell ha acogido la conferencia titulada Un martirio de san Sebastián: del ámbito de Guido Reni a las colecciones de Peralada, pronunciada por el historiador del arte y especialista en pintura de los siglos XVI y XVII Ignacio G. Panciello. La sesión ha propuesto una aproximación a la iconografía de san Sebastián, a la lectura clasicista que Guido Reni fija en torno al tema y al lugar que estas obras ocupan dentro del patrimonio artístico del castillo. La conferencia, organizada con la colaboración de los Amics del Liceu y el Museu Castell Perelada, ha puesto de relieve cómo Guido Reni se inspiró en el clasicismo para crear la pintura original, influido, sobre todo en esta pintura del siglo XVII, por las representaciones artísticas de Antínoo, el esclavo efebo amante del emperador Adriano, que lo divinizó, creando incluso una corriente de culto y fundando una ciudad con su nombre. A partir de esos modelos, Reni creó con gran éxito una iconografía en torno a un san Sebastián semejante a un Apolo cristiano que, pese a su martirio, tiene una expresión más bien extática que de sufrimiento. Panciello también ha destacado que considera que la copia de la colección de Peralada está relacionada con el original que se incluye en la colección del Museo Capitolino de Roma, hasta el punto de afirmar que, si alguna vez hubiera que restaurar el original, la copia se encuentra en tan buen estado que puede ofrecer información para hacer posible la operación con el rigor necesario.