UNA VELADA DE ARTE, MEMORIA Y FUTURO

UNA VELADA DE ARTE, MEMORIA Y FUTURO

El Festival Perelada ha celebrado esta noche su 40º aniversario con una cena-espectáculo concebida como un recorrido por la memoria, el presente y la continuidad del certamen. En el Mirador del Castell, la propuesta ideada y dirigida escénicamente por Joan Antón Rechi ha reunido música, danza, teatro, artes plásticas, iluminación y gastronomía en una única secuencia. La celebración ha avanzado como un encuentro entre invitados, artistas y público, sostenido por una dramaturgia que ha convertido el camino en la imagen central de la noche. La llegada a los jardines ya formaba parte del espectáculo, cuando el tenor Mark Milhofer ha recibido a los asistentes detrás de una pequeña barra y ha preparado el cóctel Caruso, ideado expresamente para la ocasión. Acompañado por Dani Espasa al piano eléctrico, Milhofer ha interpretado fragmentos de Mattinata, de Ruggero Leoncavallo, y Torna a Surriento, de Ernesto De Curtis. La actuación, integrada en el movimiento de entrada, ha establecido una relación directa entre hospitalidad y música, mientras el público tomaba la primera parte de un aperitivo que tendría continuidad dentro de la sala.

El bailarín Botis Seva esperaba al público en el interior de la sala, donde Dani Espasa enlazaba al piano evocaciones de Debussy, Mompou y Bellini mientras los invitados ocupaban las mesas dispuestas alrededor de una pasarela central. Las mesas han estado presididas por veinticinco jarrones creados por Pi Piquer, piezas únicas de gran vistosidad vinculadas a la historia del Festival. La obra plástica ha mantenido una presencia constante y ha resultado decisiva en la imagen final. Seva ya estaba en escena y evolucionaba, concentrando la atención hasta la entrada de Rossy de Palma, que ha asumido la mayor parte del peso de la conducción de la ceremonia. La actriz ha tomado la palabra con una intervención cercana, irónica e integrada en la situación. Ha observado los jarrones, ha interpelado al bailarín y ha dado la bienvenida como una invitada más. Su indicación de empezar a comer ha abierto el servicio de los aperitivos y ha fijado el carácter de la propuesta: la escena continuaría durante la cena y la mesa formaría parte de la escena.

La gastronomía ha ordenado el tiempo de la noche mediante una sucesión de aperitivos, plato principal y postres. El servicio ha mantenido una cadencia pausada, coordinada con las intervenciones y los desplazamientos de los intérpretes. Esta integración ha permitido que la mesa conservara su función como lugar de conversación y celebración y se convirtiera en un punto de observación privilegiado. La alta gastronomía anunciada para el aniversario ha encontrado una virtud escénica en el ritmo y la atención del servicio.

Xavier Sabata, fiel al Festival, ha conducido la velada y ha actuado

Cuando los aperitivos se acercaban a su fin, Rossy de Palma ha localizado a Xavier Sabata entre los comensales y ha iniciado con él una conversación sobre el origen de una aventura cultural. El contratenor se ha levantado y ha interpretado desde el escenario Morgen, una conmovedora pieza de Richard Strauss, con Dani Espasa al piano. La canción ha nacido como una prolongación natural del diálogo. Sabata ha proyectado el lirismo sereno de la pieza en una sala preparada para escuchar a poca distancia, con la voz emergiendo del mismo espacio compartido por los asistentes. La intervención ha aportado una primera expansión emocional a una dramaturgia construida por Joan Anton Rechi con pequeños gestos, recorridos y frases breves.

La llegada del plato principal ha coincidido con un nuevo capítulo dedicado a los cuarenta años del Festival. Rossy de Palma y Xavier Sabata se han movido entre las mesas comentando los jarrones de Pi Piquer y la singularidad de cada edición. La conversación ha dirigido la mirada hacia las ideas, las intuiciones, las personas y las preguntas que hacen posible un proyecto cultural. Desde su quietud, Botis Seva ha comenzado a activar el cuerpo con movimientos mínimos, hasta que el piano de Dani Espasa ha preparado la entrada de Sing Child Sing. La coreografía de Seva, encargo vinculado al Carmen Mateu Young Artist European Award, Opera and Dance, ha constituido el núcleo físico de la celebración. El bailarín, ganador de la tercera edición del galardón, ha ocupado la pasarela y ha transformado la contención inicial en movimiento. La pieza ha introducido un lenguaje contemporáneo concentrado en la fuerza del cuerpo, los impulsos y la relación con el espacio. La proximidad del público ha acentuado cada cambio de peso y cada recorrido. En una noche dedicada a una institución con cuatro décadas de trayectoria, la presencia de Seva ha aportado una idea concreta de futuro: continuidad mediante el encargo, el apoyo a los creadores y la apertura a nuevas formas escénicas.

Montserrat Seró, una presencia angelical

El relato ha honrado también el nombre de Carmen Mateu, fundadora del Festival junto a Artur Suqué y figura esencial en el impulso de un proyecto que tomó forma en 1986 e inició su aventura en el verano de 1987. La referencia ha aparecido dentro de una reflexión sobre las posibilidades que una persona deja abiertas para que otras puedan imaginar, crear y continuar. La celebración ha incorporado a las tres generaciones de la familia que han sostenido el Festival, una continuidad expresada desde el agradecimiento y la fidelidad. Ha llegado entonces el momento de Montserrat Seró, que ha irrumpido sin presentación para interpretar el Aria de la Luna de Rusalka, de Antonín Dvořák. La soprano, de presencia casi angelical, ha asumido uno de los momentos líricos más reconocibles del programa, acompañada por Espasa, con una intervención de línea contenida y atmósfera nocturna. La pieza ha dado paso a una proyección de imágenes de la historia del Festival. Fotografías de distintas épocas que se han sucedido sin fechas, nombres ni orden documental. Rossy de Palma y Xavier Sabata les han puesto palabras breves, referidas a las voces, las heroínas y los creadores que han pasado por Peralada. La memoria ha adquirido la forma de una evocación compartida.

Con los postres servidos, la sala ha recuperado un movimiento más distendido. El discurso se ha centrado en las personas que regresan cada verano, en los espectadores veteranos y en quienes asisten por primera vez a una noche del Festival. Mark Milhofer ha reaparecido entre las mesas con una copa y una observación sobre el tiempo que necesitan los grandes vinos y los grandes festivales. La frase ha integrado los dos ejes de la velada. A continuación ha llegado el brindis del aniversario, con las copas alzadas y el piano de Dani Espasa manteniendo el tono íntimo de la escena. Ha sido entonces cuando ha tomado la palabra el director artístico del Festival, Oriol Aguilà, para remarcar que el Festival celebra cuarenta años proyectándose hacia el futuro. Después lo ha hecho Júlia Reger Suqué, miembro de la tercera generación de la familia fundadora, para renovar su compromiso con la continuidad del certamen, y finalmente ha cedido la palabra al Molt Honorable President de la Generalitat de Catalunya, Salvador Illa, quien ha querido agradecer la dedicación de la familia al Festival y su esfuerzo por mantener un ciclo cultural del máximo nivel de excelencia, que sitúa al país en una posición preeminente en el ámbito cultural internacional.

Los jarrones de Pi Piquer, 25 obras de arte únicas inspiradas en el Festival

En el tramo final de la velada ha intervenido de nuevo Xavier Sabata. El contratenor ha interpretado When I Have Sung My Songs, de Ernest Charles, con su inigualable sentido de la teatralidad, mientras la iluminación de Alberto Rodríguez transformaba lentamente la sala. Botis Seva ha bajado del escenario y ha iniciado una última travesía por la pasarela. A medida que avanzaba, los veinticinco jarrones de Pi Piquer se han encendido uno tras otro. La activación gradual de las piezas ha reunido artes plásticas, luz, música y movimiento en una imagen común. Esta imagen contiene los principales elementos de la conmemoración: el final de una etapa después de haber guiado a los invitados, veinticinco obras encendidas alrededor de las mesas y unos intérpretes que siguen caminando para abandonar la escena. Rechi ha cerrado así una velada construida desde la historia viva del Festival, con la gastronomía como marco de hospitalidad y las artes como lenguaje central.

Diez minutos después del final, el Festival Perelada deja atrás la noche exacta de su cuadragésimo aniversario con una celebración coherente con su identidad. La lírica ha convivido con la danza contemporánea, la interpretación teatral, el piano, la creación plástica y una cuidada experiencia de mesa. El espectáculo ha mirado las cuatro décadas recorridas a través de las personas que las han hecho posibles y ha orientado la última imagen hacia adelante. El camino, hoy, ha quedado de nuevo abierto.

Además del presidente de la Generalitat, Oriol Aguilà y Júlia Reger, también han asistido a la celebración de hoy Edward Reger, Mathew Reger, Borja y Arturo Suqué, en representación de la familia organizadora; el subdelegado del Gobierno en Girona, Pere Parramon; los expresidentes de la Generalitat Artur Mas y José Montilla; el presidente de la Diputación de Girona, Miquel Noguer; los alcaldes de Figueres y Peralada, Jordi Masquef y Miquel Brugat y el exconsejero de la Generalitat Joaquim Nadal.