UN ESTRENO PARA EL RECUERDO

UN ESTRENO PARA EL RECUERDO

El Festival Perelada ha celebrado hoy una velada excepcional con el estreno absoluto, en la iglesia del Carme, de Diario di una madre, el nuevo ciclo lírico del compositor barcelonés Alberto García Demestres, vinculado al certamen ampurdanés desde principios del siglo XXI, sobre poemas en italiano de Cristina Pavarotti. La soprano Sabina Puértolas y el pianista Rubén Fernández Aguirre han protagonizado un impresionante tour de force de casi 70 minutos de duración al interpretar las catorce canciones y los dos interludios pianísticos que recorren la relación entre una madre y su hija desde antes del nacimiento hasta la despedida final. El público, que ha terminado en pie y aplaudiendo largamente a los intérpretes, la letrista y el compositor, ha salido de la iglesia del Carme profundamente conmovido por varios motivos: el virtuosismo de Puértolas y Fernández, la maravillosa música ideada por Albert García Demestres y las letras de las canciones, poemas escritos en italiano por Cristina Pavarotti, que describen de manera sencilla, aunque con un gran vuelo poético, humor y una sensibilidad incuestionable, una relación maternofilial. La música, la palabra y las fotografías creadas por May Zircus y Álvaro Rodríguez Galán, incluidas en el programa de mano, han compartido un hilo narrativo que ha situado la experiencia femenina, el paso de los años y la transformación de los afectos bajo el foco de atención del público.

Concebido entre 2019 y 2022, el ciclo ha tomado la forma de un diario imaginario escrito desde la voz de la madre y se convierte en un lúcido y completo manifiesto feminista. Pavarotti ha construido esta vida a partir de escenas cercanas, cotidianas, incluso casi banales: los primeros días, la entrada en la escuela, el desorden de una habitación de adolescente, el descubrimiento del mundo, el duelo, la marcha de casa, el amor y el envejecimiento. Los textos han preservado la dimensión concreta de cada momento y han dejado aflorar un humor delicioso, la ternura, el miedo, las dudas y la aceptación de manera sencilla y llana, pese a la forma poética. La maternidad ha aparecido como una experiencia vivida desde el cuerpo y la conciencia, sometida a dudas, errores y aprendizajes.

La primera parte se ha abierto con la incertidumbre de Solo indizi di te in periferia (Solo indicios de ti en la periferia), situada antes del nacimiento, y ha avanzado hacia la canción de cuna Davanti al tuo pianto (Ante tu llanto), que describe el desconcierto de la madre ante el llanto del bebé, pero también el descubrimiento de la madre como el primer territorio seguro de la hija y como una mujer que todavía desconoce buena parte de lo que deberá aprender. Se la mangia il portone (Se la traga el portal) ha abordado la primera separación en la puerta de la escuela y la música ha introducido de manera orgánica varias melodías de la infancia, las tablas de multiplicar, el elefante que se balanceaba sobre la tela de una araña...; mientras que Te la lascio così (Te la dejo como está) ha convertido el caos de una habitación de preadolescente en una escena viva, divertida y cargada de detalles. Después del primer interludio, la magnífica Puledro pazzo (Potro desbocado) ha introducido la preocupación ante una adolescente que reclama independencia y empieza a exponerse a un mundo hostil, con una letra que describe un recorrido de pensamiento que acaba de una manera, por desgracia, todavía singular en la actualidad: Hija, no es normal / que te miren por la calle / como a un caballo en venta. / Tú eres mi potro desbocado / que cocea, muerde el freno / y enseña los dientes. / Pero, cuidado, será con otras intenciones / que te llamarán vaca, / gata zalamera, yegua, zorra, / perra, cerda, puerca. / Poco se puede hacer / los machos no nos perdonan / nuestra potencia animal. / Si acaso, no te vistas / con un palmo de tela pensado / para mantenerte con el rebaño; / perdona, es tu madre / quien tiembla cuando sales de noche. / Pero ahora, venga, pasa de mí, / diviértete, galopa gallarda / y no te dejes humillar nunca.

Piccoli passi (Pequeños pasos) ha conducido el ciclo hacia el primer gran duelo de la hija y ha introducido un motivo que la obra ha recuperado al final. La vida cotidiana, ordenada en gestos mínimos, ha servido para atravesar una ausencia difícil de asumir. En Neve fresca (Nieve fresca), la marcha de la hija ha obligado a la madre a revisar lo que ha dado, aquello en lo que se ha equivocado y la nueva distancia desde la que deberá reconstruir el vínculo. Faccio festa (Estoy de fiesta) ha cerrado la primera parte con el acceso de la joven al mundo laboral, una celebración que también ha marcado otro paso hacia la emancipación.

La edad adulta de madre e hija

La segunda parte ha desplazado la mirada hacia dos mujeres adultas. Nei miei panni (En mi piel) ha permitido que la hija observase a la madre fuera del papel que ha ocupado durante años; Tienti ben stretta (Agárrate fuerte) ha incorporado el enamoramiento y ese estado de eufórica locura que provoca, y Però non chiedere a me (Pero no me lo preguntes a mí) ha planteado la decisión de tener hijos sin presentarla como un destino obligatorio, incorporando el consejo de la madre. Después del segundo interludio, Calma di vento (Viento en calma) ha abordado la llegada a los cincuenta y la menopausia, una etapa poco frecuente, por no decir sin presencia alguna, en el repertorio lírico. La ruga dei brutti pensieri (La arruga de los malos pensamientos) se ha acercado a las primeras señales del olvido con gran delicadeza, antes de que Come se niente fosse (Como si no pasara nada) condujese el relato hasta la muerte de la madre. El último tramo ha cerrado el círculo abierto en Pequeños pasos. Ante la proximidad de la muerte, la madre ha pedido a la hija que continúe, paso a paso y con la mirada al frente. Puértolas ha conducido esta despedida con contención e intensidad, y Fernández Aguirre ha sostenido su peso sin deshacer el equilibrio alcanzado durante todo el ciclo. Diario di una madre ha terminado así como había avanzado: desde los gestos más pequeños hacia las grandes preguntas de una vida compartida. Cuando llegue el momento / ya sabes cómo va / pequeños pasos, uno a uno / y sobre todo te pido / mira siempre adelante / por duro que sea, / amor mío. Y Sabina Puértolas, una vez ha terminado su cometido, que ha llevado a cabo de manera sublime, se ha quebrado por la emoción y posiblemente también por el esfuerzo y, con ella, la emoción se ha desatado entre el público, que se ha puesto en pie para ovacionar calurosamente a los intérpretes.

La soprano ha dado unidad a la sucesión de edades, situaciones y registros con una interpretación de gran implicación dramática y de una altísima exigencia física y técnica. Puértolas ha hecho reconocible a una misma mujer a lo largo de toda una vida, desde la energía de los años de crianza hasta la conciencia del final. La claridad de la dicción, el control de la línea vocal y una expresividad atenta al valor de cada palabra le han permitido transitar por los pasajes más ligeros, los estallidos de inquietud y los episodios de mayor recogimiento. Ha cantado a la madre desde su complejidad humana, sin convertirla en una figura abstracta, y ha sostenido el largo arco emocional con una capacidad de concentración fuera de medida. Como anunciaron en la presentación de la obra, cabe remarcar que no es una pieza de gran vuelo intelectual, no lo necesita ni es esa la intención, sino que se trata de profundizar en la cotidianidad de una relación maternofilial, con sus banalidades incluidas, pero también con episodios de una gran profundidad emocional.

Rubén Fernández Aguirre, al piano, ha desempeñado una función narrativa decisiva. La partitura ha abierto espacios, ha sugerido imágenes, ha tensado determinados episodios y ha dado continuidad a las mutaciones internas del relato. El pianista ha respondido a esta escritura elaborada con precisión, variedad de color y una escucha constante de la voz. Los dos interludios han permitido que el discurso avanzase sin palabras y han mostrado con nitidez este diario construido desde la música. La complicidad entre Puértolas y Fernández Aguirre, que colaboran habitualmente, ha sido esencial para gestionar más de setenta minutos de intensidad cambiante y mantener la respiración conjunta de la obra.

García Demestres ha articulado estos episodios con una escritura que ha alternado consonancias y disonancias, expansión lírica y urgencia. La unidad del conjunto se ha construido a partir de correspondencias internas y del retorno de materiales que han adquirido otro sentido con el paso del tiempo. El compositor define la música como «una especie de diario paralelo», una formulación que el estreno ha hecho perceptible: el piano y la voz han aportado al texto una memoria propia y han expresado zonas que los poemas solo dejan entrever. La escritura vocal ha exigido resistencia, flexibilidad y capacidad teatral; la pianística, una responsabilidad expresiva equivalente.

Cristina Pavarotti y García Demestres, dos creadores con una gran complicidad, han profundizado en un lenguaje compartido capaz de acercarse a una experiencia íntima sin perder sus contradicciones. El compositor ya explicó que «esta obra necesita mucho amor» porque los textos «son muy de verdad», una exigencia emocional que la interpretación ha asumido sin caer en la afectación. La circunstancia de que algunas canciones fueran escritas durante una estancia de García Demestres en la unidad de cuidados intensivos ha añadido una resonancia personal a un ciclo atravesado por la fragilidad, el cuidado y la conciencia del tiempo.

La dimensión visual del espectáculo ha comenzado antes de entrar en la iglesia del Carmen. Las impresionantes imágenes que May Zircus y Álvaro Rodríguez Galán han concebido expresamente para Diario di una madre se han expuesto en el exterior de la iglesia del Carmen y también han formado parte del programa de mano. Cada poema ha dispuesto de su imagen, trabajada a partir de transparencias y de la integración de varias fotografías en una sola composición. Cuerpos, manos, rostros, paisajes, agua y fragmentos de memoria han creado asociaciones abiertas con las distintas etapas del diario. El blanco y negro y las superposiciones han trasladado al plano visual la convivencia de tiempos, recuerdos y emociones que atraviesa la partitura. La imagen de portada ha condensado la vida de una mujer y ha incorporado la luna como referencia a los ciclos femeninos. La exposición ha ampliado el proyecto y ha ofrecido otra puerta de acceso a los poemas, con una atención continuada al cuerpo que crece, ama, envejece y recuerda. Las fotografías han prolongado fuera del escenario los temas planteados por la música y han invitado al público a entrar en el universo de la obra antes del inicio de la interpretación.

El estreno de Diario di una madre ha reforzado la singular relación que García Demestres mantiene con el Festival Perelada desde hace cerca de veinticinco años. El espectáculo, que ha sido grabado por RTVE y Catalunya Música, ha representado su sexta participación en una historia compartida que ha incluido proyectos como WOW!, Albert-Alberto. Demestres y Guinovart y La straordinaria vita di Sugar Blood, presentada en el Festival en 2017. Esta continuidad ha permitido seguir la evolución de un compositor especialmente vinculado a la escritura escénica y vocal, autor de doce óperas e interesado en convertir experiencias contemporáneas en materia musical. García Demestres es, además, el único compositor que ha recibido la Medalla de Honor del Festival Perelada, una distinción que otorga una dimensión especialmente significativa a su regreso en el año del cuadragésimo aniversario. El Festival siempre ha ofrecido al compositor un espacio para presentar obras nuevas y explorar formatos personales, mientras que su presencia ha contribuido a consolidar la apuesta de Perelada por la creación lírica del presente. El estreno absoluto de este ciclo, el más extenso que ha escrito hasta ahora, ha representado un nuevo capítulo de este recorrido sostenido, construido desde la confianza y la voluntad compartida de incorporar nuevo repertorio a los escenarios del Festival. En el marco de su cuadragésimo aniversario, Peralada ha incorporado una nueva creación a su patrimonio artístico y ha renovado un vínculo de casi un cuarto de siglo con uno de los compositores más estrechamente asociados a su apuesta por la lírica contemporánea. La velada de hoy es una de las que será recordada e inscrita con letras mayúsculas en la historia del Festival Perelada.