VIVALDI COBRA CUERPO EN PERALADA
El Festival Perelada ha convertido esta noche el Mirador del Castell en un espacio compartido por la música barroca y la danza urbana y contemporánea con el estreno en Catalunya de 4 Danced Seasons. La propuesta creada por el bailarín y coreógrafo Mourad Merzouki y el violinista Julien Chauvin ha hecho visible la arquitectura rítmica de Las cuatro estaciones de Antonio Vivaldi a través de los siete intérpretes de la Compagnie Käfig y de los músicos de Le Concert de la Loge, todos ellos reunidos en una misma superficie escénica, sin separación entre músicos y bailarines. El movimiento ha circulado entre atriles, instrumentos y cuerpos con una naturalidad y fluidez que ha situado la partitura en un ámbito físico y directo, cercano al espectador, a diferencia de una interpretación convencional de la música del compositor italiano.
El inicio ha fijado enseguida el mecanismo del espectáculo. Desde la penumbra, las cuerdas graves han trazado el ostinato de la Sinfonía de L’Olimpiade, mientras la luz de Cécile Trelluyer descubría gradualmente a los músicos, descalzos, y los bailarines surgían entre ellos. La coreografía de Merzouki ha entrado en la música desde la respiración y el latido: trabajo de suelo, giros, suspensiones, freezes, saltos y secuencias acrobáticas han respondido con claridad a la articulación de la orquesta sin convertir a Vivaldi en una simple banda sonora. La música ha sido, de hecho, uno de los catalizadores necesarios del espectáculo. Julien Chauvin, violinista y director musical, ha dirigido con virtuosismo Le Concert de la Loge también desde el escenario, siempre presente, siempre marcando el tempo. Su lectura, ágil y definida, ha recuperado la vivacidad teatral de una música escrita para describir vientos, tormentas, pájaros, calor, caza, frío y hielo. En La primavera, el violín solista ha establecido un primer diálogo con un bailarín, ampliado después por todo el grupo. La precisión del fraseo y la respuesta de los cuerpos han dado a cada ritornello una forma nueva, sin cargarlo de ilustraciones literales.
La formación Le Concert de la Loge, fundada por Chauvin en 2015 y especializada en instrumentos históricos, ha asumido una función plenamente escénica, sin quedar en segundo plano, como es habitual en los espectáculos en los que la música ilustra la acción desde el fondo del escenario o dentro de un foso. Violines, violas, violonchelos, contrabajo, tiorba y clave han mantenido la transparencia del conjunto mientras los músicos se desplazaban, oscilaban o entraban en contacto con los bailarines. Esta disponibilidad corporal ha reforzado la sensación de un espectáculo concebido de manera conjunta, con la escucha como principio compartido.
El programa ha ampliado el ciclo con otras obras de Vivaldi que han permitido modificar la dimensión de la velada. En la Sonata para violonchelo en la menor, el músico Jérôme Huille ha ocupado una pequeña plataforma móvil, desplazada por los bailarines. El verano ha aportado una energía más explosiva, con aceleraciones, caídas controladas y una ocupación enérgica y acelerada del espacio. El presto final ha unido la urgencia de las cuerdas con la exigencia atlética del hip-hop.
En el Concierto en si menor para cuatro violines, Chauvin y sus músicos —Anne Camillo, Tami Troman y Valentin Seignez-Bacquet— han compartido protagonismo con cuatro intérpretes de Käfig. Las parejas han construido un entramado de gestos breves, miradas y respuestas rítmicas, estableciéndose casi una competición entre los bailarines, una especie de batalla de gallos; durante el largo, el balanceo de la orquesta ha incorporado a los instrumentistas a la coreografía. El otoño ha abierto una zona de juego y humor, seguida por el empuje de la Sinfonía en sol mayor (Alla rustica), que ha propiciado portes, vuelos y caídas. El invierno ha endurecido el dibujo corporal y la luz, que se ha vuelto fría, antes del allegro conclusivo y del regreso de L’Olimpiade como cierre colectivo.
Esta ha sido la segunda presencia de Mourad Merzouki en el Festival Perelada, tan afortunada como la primera, aunque más íntima, ya que el espacio no es, obviamente, el mismo. El coreógrafo debutó en el festival en 2018 con Folia, que clausuró la trigésimo segunda edición y ofreció su estreno en el Estado Español con una combinación de música barroca, electrónica, danza urbana, contemporánea y clásica. Fue una velada memorable. Ocho años después, el regreso ha profundizado en aquella misma línea con una relación más estrecha entre intérpretes. Las dos visitas han tenido a Vivaldi como punto de partida y han confirmado el interés de Merzouki por explorar la capacidad del repertorio barroco para activar el cuerpo contemporáneo.
Fundador de la Compagnie Käfig en 1996, Merzouki ha construido una trayectoria marcada por la incorporación del circo, las artes marciales —en alguna ocasión parecía que los bailarines ejecutaban una kata—, la imagen y la música en directo al vocabulario del hip-hop y otras danzas urbanas. En 4 Danced Seasons, esta experiencia se ha traducido en una coreografía exigente, atenta a las estructuras de la partitura y a la singularidad de cada bailarín. Los intérpretes han alternado solos, duetos y construcciones de grupo, con una presencia escénica que ha combinado virtuosismo, teatralidad, incluso el clown, y una notable conciencia musical. La iluminación de Trelluyer ha modulado las distintas estaciones sin recurrir a una narración paisajística explícita, y ha reforzado los cambios de temperatura, densidad y velocidad. La proximidad del público en el Mirador ha favorecido la percepción de los detalles: el arco que ataca la cuerda, la respiración antes de un salto, el pie que busca el suelo y la atención constante entre los miembros de los dos conjuntos. Mañana, también en el Mirador, a las 22h, está programada una segunda función de este magnífico espectáculo.